Autor: Pérez Rodríguez Fernando
En agosto de 2019, empecé mi carrera dentro de la enseñanza médica de pregrado. Estaba cerca de terminar mi beca de doctorado, en la especialidad de biotecnología de plantas, y aún se veía lejana mi titulación. Lo que empezó más por necesidad económica que por voluntad, al igual que muchos otros docentes en el área médica,1 se convirtió poco a poco en algo por lo que ahora, siento, es parte de mi vocación. Vocación que ha ido llenando mi vida profesional de enormes satisfacciones, pero también de grandes desánimos e impotencias.
Es mi deseo tomar este espacio para reflexionar y compartir sobre algunos desafíos y oportunidades que enfrentamos los académicos sin formación médica que enseñamos a futuros profesionales de la salud.
La utilidad percibida
Recuerdo con ironía, y a la vez un poco de resentimiento, una reunión académica; en ella un cirujano y profesor de Anatomía se quejaba de que su alumnado tenía poco tiempo para estudiar su materia, ya que las clases de Biología Celular y Molecular eran “muy complicadas y exigentes”. Su disgusto lo atribuía a que sus estudiantes dedicaban demasiado tiempo a estudiar sobre el proceso de replicación del ADN, y que sería necesario reducirlo, pues “el ADN no se opera”. Su postura dejó en claro la poca utilidad, para un médico general, de estudiar y entender a detalle los procesos moleculares, pues esa información no les iba a ser útil en un consultorio.
Aunque la frase anterior fue dicha sin la intención de ofender a los profesores de Biología Celular y Molecular (entre ellos, un servidor, que impartía clases a la mayoría de los grupos), sí me hizo dar cuenta de una de las visiones más generalizadas que tienen los médicos docentes: la creencia de focalizar la enseñanza exclusivamente en “lo que les va a servir”.
Frases en el mismo sentido fueron dichas cuando se propuso implementar nuevas prácticas de laboratorio para la materia de Microbiología y Parasitología Médica: “No van a ser laboratoristas”. En ese momento la frase me irritó. A pesar del sentido y trascendencia que tenían las prácticas de laboratorio, en mis primeros años como profesor, preferí quedarme callado. Sin embargo, empecé a notar esas áreas del conocimiento que en la educación médica se consideran “inútiles”. Desde los primeros semestres, a los estudiantes se les va formando en una cultura de lo utilitario, donde aprender cualquier cosa que no sirva para el futuro laboral inmediato es un esfuerzo desperdiciado.
Soy muy consciente de que la carrera que estudian mis alumnos es Médico Cirujano, y es indiscutible que al final puedan ejercer como lo que serán, médicos; por ello es cierto que el mayor tiempo y esfuerzo lo deben invertir en el desarrollo de las habilidades y conocimientos clínicos. Sin embargo, las ciencias biomédicas son las bases de las clínicas; quien estudia y no comprende adecuadamente el ciclo celular, difícilmente comprenderá oncología. Ignorar la necesidad de una formación completa generará profesionales que “saben hacer, pero no por qué se hace”.
Palabras clave: Educación médica reflexión prácticas.
2026-03-09 | 160 visitas | Evalua este artículo 0 valoraciones
Vol. 4 Núm.2. Mayo-Diciembre 2025 Pags. 57-59. Rev INVESMED 2025; 4(2-3)